Un día, un momento

Un día, un momento
María, la autora

sábado, 20 de diciembre de 2014

LAS NAVES DEL ESPANTO. Hoy, omnipresentes.

Yo sé que fué una tarde de primavera cuando bajamos de la nave del espanto.Y eras promesa vos y tus hermanos, promesa de vida, ahora libres,para crecer, para darse y recibir amor, para disfrutarlos a los tres. Creímos que era el momento de pisar tierra firme, y ponerse a trabajar. Porque ya no había sombras acechando en la calle, o en la plaza o donde menos se esperaba. Ya sabíamos de tu condición autística. Más, preparaba tu delantalcito de jardín, había encontrado uno , y cuanta alegría fué llevarte a tu clase. Mientras tu hermana aún bebé, ensayaba sus primeros juegos. Los días y las noches eran coloridos, con los juegos y las risas. Luego, vendrían los estudios, los exámenes, para saber qué te estaba pasando. Porque yo sabía. Más, había decidido que hasta que los profesionales me confirmaran el diagnóstico, yo y todos te trataríamos con naturalidad. Y así fué que logramos enseñarte hábitos, tu hermano jugaba con vos a las bolitas y manejabas su pelota de básquet, como él.Hoy y hace tiempo sé que sin saber mucho, practicamos el programa que hoy llaman sonrise. Con láminas, con juguetes, con objetos diversos, te fuimos enseñando diferentes actividades y aprendías rápido.Yo no puedo determinar bien cuando comenzó el derrumbe de tus progresos, más bajaban y subían, más, ya no conseguía escuela ni psic´loga. Los exámenes no habian dicho nada. Todo "normal". Mientras, el país se agitaba con los levantamientos de los antiguos dictadores, y, por ahí veíamos asomar otra vez a la maldita nave, yo buscaba, buscaba la escuela, la fono, la psicopedagoga. Descubrí por esos días qué poco se entendía tu sindrome. Que lo que yo hacía para ayudarte/enseñarte(y que no era suficiente)era más afinado, pues, era fruto de la observación.A tus 6 años, encontré a una joven psicóloga, que , entusiasmada, con el autismo, se convirtió en tu educadora. A estas alturas, la obra social nos ignoraba por completo. Más, podíamos costear nosotros, si bien, no todo, con ella, teníamos algo así como una cuenta corriente.Un año más tarde comenzaste en el Centro.Se había creado a partir de la necesidad de lugares (ya que en la escuela común no los aceptaban) y por padres y profesionales.Allí empezó otro ritmo, otraforma de esta coreografía de la búsqueda incansable, que, aún no termina. Leía mucho yo por esos días. Amante de los géneros de ciencia ficción, de relatos de suspenso, de ensayos políticos,sólo me interesaba en esa fase, todo  lo que pudiera encontrar sobre autismo. Me enteré de algunas cosas, más fué s´lo un libro de los muchos que logré conseguir, el que me pareció y me parece la descripción exacta de la realidad este sindrome y lo que significa para la familia, el entorno, describiendo esto con sencillez, y llamando a trabajar con cada chico, en formas adecuadas a su individualidad.LLamaban ellos a esto "la terapia de las manos desnudas". Querían decir que era la observación y desde ella, la creatividad.Y eso hacíamos. Y fué tanto que, los vecinos-aquellos del viejo barrio aprendieron ciertas maneras de hablarte y convencerte, a veces, cuando te ponías en "la contraria" como diría mi madre. Tu Dr neurólogo solamente te medicaba con vitamina B 6 y magnesio. Un día fuí a ver a un Dr psiquiatra, famoso por su acierto en la medicación. Me dijo:"a estos niños con autismo no se los medica, se los educa".Viera este Dr ahora a la batería de fármacos que se dan a los chicos desde muy pequeños. TE VIERA A VOS! Cuando , con dificultades, pero avanzando, se les ocurrió- alos políticos-"premiarme" por mi labor voluntaria en conjunto con muchas personas en favor de los sin techo. Y me adjudicaron esa vivienda de ese barrio lejano y que yo prsentí, supe, que iba a ser un cambio para mal en nuestras vidas, Y, lamentablemente, no me equivoqué. Más, no hubo manera de convencer a tu padre y tu hermano de que por más buena y cómoda que fuese la vivienda, ahí, los espacios verdes, los parquecitos eran para todos. Y que perdíamos a aquel entorno vecinal tan valioso que me ayudaron a criarte. Y otra nave del espanto, esta vez, con otro atuendo, no hizo subir a bordo. CUÁNTO PERDIMOS JUAN PABLO. PERDONAME. DEBÍ HABER DEFENDIDO LA ANTIGUA VIVIENDA FEROZMENTE, DEBÍ HABERME
 QUEDADO SOLA ALLÍ CON VOS Y TU HERMANA. 

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